Síntesis del pensamiento. (Estética y sutileza)

0
722

Por: Manuel Emilio Duvalls Ledesma

 

para:

HIJOS DEL BARRERO.

No soy músico, tampoco cantante, y por tanto, no escribo para alegrar los sentimientos de las personas. Soy pensador, y como todo pensador, escribo para la reflexión.

No todos tenemos la capacidad de pensar, porque el pensamiento es un don que solo Dios te puede dar. El talento se tiene o no se tiene, porque en ningún establecimiento lo podrás comprar. Sé que hay personas que en algún momento, se pudieran haber sentido ofendido al leer ciertos renglones que he escrito, pero la idea del autor, no es la de fragmentar, sino más bien, la de contribuir  y, enseñar.

La inmensa mayoría de los seres humanos, nos sentimos ofendidos si no vemos, o no oímos, lo que nuestros ojos y oídos, quieren mirar o escuchar, pero el pensamiento no es para mirarlo, es para verlo y observarlo; los oídos, no son para oír, sino para escuchar.

Porque para ver no necesitamos tener los ojos abiertos. Los ojos no son para ver, sino para mirar. Los oídos son para oír, no para escuchar.

Para ver y escuchar, necesitamos el cerebro. El autor es el mensajero entre el pensamiento y el lector, una forma de invitar a la reflexión.

La capacidad de pensar es un don que te hace especial entre los demás, porque mediante el pensamiento y la meditación, podrás llegar a otros lugares, y ver cosas que otros no podrán jamás.

 

Buscaras leyendo y encontrarás meditando

 En esta ocasión os traigo un mensaje modulado, sereno tranquilo y profundo, con la finalidad, de coser las venas abiertas, por haber dicho lo que la mayoría no quieren escuchar. Pero entiendo perfectamente, porque no somos culpables de esta situación cultural. Hemos sido adoctrinados por maestros sin la preparación adecuada para el ejercicio de la alfabetización, y gobernados por políticos analfabetos funcionales, que propagan la mentira y la calumnia, mutilando la esperanza, de que un día, esta sociedad pueda llegar a alcanzar las cotas culturales, de sentarse y abrir un hilo de debate, sobre un tema tan complejo como es la política, y hallar el consenso de entender la realidad. Si alguna vez, cause hemorragia por no haber llevado el mensaje que todos habéis querido ver y escuchar, esta vez, les invito a leer para la reflexión, y así, en un momento de evasión podamos todos juntos volar.

La reflexión, es el final del camino que recorre el hombre a través de la lectura, las ideas y el pensamiento.

El pensamiento es intuir, observar y razonar. Por medio de la lectura encontrarás respuestas determinadas a todas tus preguntas. La lectura alimenta el coeficiente intelectual del ser humano. El pensamiento es el resultado final que permite crear ideas y desarrollar proyectos de futuro.

Leer, pensar y reflexionar es: inteligencia, capacidad de entender, razonar, saber y aprender para resolver cuantos problemas se nos presenten en la vida. El pensamiento es un conjunto de habilidades, que permite al ser humano construir ideas y reflexionar sobre ellas encontrando solución a los problemas.

Para llegar a estos criterios de capacidad hemos de leer poesía, porque la poesía es el pensamiento fluido de la humanidad.

Siempre que se habla de poesía, pensamos en el amor o el desamor, en el sufrimiento o el dolor. Pero la poesía va mucho más allá de lo que podamos mirar o sentir. La poesía como toda ciencia del arte, su intención es comunicar. La poesía intenta decirnos algo. La poesía es la síntesis esencial del pensamiento humano.

Como obrero del pensamiento, mi misión es llevarle a todos los mensajes para la reflexión, y con la gracia que Dios me dio para versar, quiero expresar sentimientos profundos, sobre el ser más divido de la humanidad.

 

 

La mujer.

 

Dios creó a la mujer, con el mismo criterio intelectual que al hombre, y lo hizo, después de Adán, con la finalidad de darle una compañera. La mujer es una intención divina, el don personificado de la humanidad. Todo un regalo de su bondad. En todas y cada una de ellas,  hay algo adorable, algo grato a uno u otro de nuestros sentidos o, a la capacidad afectiva de nuestras almas. Todas ellas sin excepción, tienen algo digno de ser amado. Y la actitud del hombre sano y del hombre bueno, ha de ser siempre la de comprender y buscar en cada mujer, las bellezas más o menos ocultas que hay en ellas, y que descubrimos a poco que insistamos.